La pérdida de audición no solo impacta a quien la padece, también afecta profundamente a su entorno: pareja, hijos, familiares y amigos.
Físicamente, la incapacidad para percibir sonidos de advertencia puede poner en riesgo la seguridad personal. Emocionalmente, el impacto se extiende a los círculos familiares y sociales, generando frustración por tener que repetir constantemente las palabras, así como tristeza al ver a un ser querido aislarse de las personas y actividades que solía disfrutar.
Los audífonos se pueden clasificar de distintas formas, siendo una de las más comunes según su forma de adaptación, es decir, el lugar donde se colocan. Si el dispositivo se ubica dentro del pabellón auricular o del canal auditivo, se denomina intracanal. En cambio, si se coloca detrás de la oreja, se clasifica como retroauricular. La elección dependerá en gran medida del tipo y grado de pérdida auditiva del paciente.
